No se necesita respirarlo, menos sentirlo, está ahí, está patente en todo acto, se filtra y se diluye como pintura, a veces se retuerce y se contrae en derredor, pero siempre queda expuesto, expuesto como el alcohólico que despierta en plaza de armas desnudo, y no solo es víctima de las miradas (que pasan a dar lo mínimo), es víctima de sí mismo, de su propio odio y vergüenza.
El problema es qué hacer, ¿Qué hacer después si quedas como un libro abierto?
La aparente o tal vez la procedente (juventud, juventud, juventud) respuesta es vivir en el conflicto, es sentir el miedo que te deja ciego, sentir el ruido que es ensordecedor, vivir estólidamente y nunca, pero nunca arrepetirte de lo acometido, toda empresa que se inicie posee potencial de equívoco.

me quedo dando vuelta la idea de hasta donde cada uno se puede arrastrar en su propio dolor
ResponderEliminar